jueves, 27 de diciembre de 2012

Tenemos que hablar de Adam Lanza

Iniciemos señalando un dato que condensa el planteamiento de la responsabilidad psiquiátrica implicada en el terrible matricidio-multihomicidio de menores y adultos. 

Como James Holmes en una sala cinematográfica de Colorado y desde el primer caso de grandes dimensiones cuyos protagonistas fueron Dylan Klebold y Eric Harris en 1999, en Columbine, todos tienen una característica común además de ser muy jóvenes, esto es, que se hallaban bajo los efectos de la medicación psiquiátrica.

Las evidencias y los testimonios de una opinión crítica de especialistas y personas afectadas en Estados Unidos son múltiples y diversos y coinciden en señalar que los efectos de la despersonalisación y desubjetivación de la medicación psiquiátrica genera suicidios y homicidios.

Si se considera a James Holmes que espera su sentencia para enero del 2013, la información que se detalla sobre ese caso señala específicamente que no se pueden dar a conocer los medicamentos que su psiquiatra le había prescrito por tratarse de un tema de privacidad médica del paciente.

El periodismo crítico estadounidense señala que tras este manto de opacidad y encubrimiento informativos se encuentra una labor de los abogados de las grandes empresas farmacéuticas que pueden aportar a los condados cantidades extraordinarias de dinero para que esta información no salga a la luz pública.

Si esto sucediera el escándalo generado bajaría el consumo de dichos fármacos afectando los intereses voraces de las empresas farmacéuticas. Imaginemos que James Holmes estuviera tomando entre otros el ''ritalin''.

En el caso de Lanza ocurre algo similar. No se ha dado a conocer si estaba o no en tratamiento y quién era su psiquiatra y menos aún por cuánto tiempo y con qué medicamentos estaba siendo tratado.

El tema de los ''efectos nocivos'' de los medicamentos psiquátricos ya ha estado presente en el congreso estadounidense y el debate se ha relegado o bien se ha diluido en procesos legales y la defensa legal del establishment médico psiquiátrico de la Asociación Psiquiátrica Norteamericana que elabora e instituye las ya conocidas versiones del DSM -Mental Disorders Manual- que a su vez la Organización Mundial de la Salud impone al planeta entero.

El caso de Holmes es paradigmático pues estudiaba neurociencias y era paciente de la psiquiatra Lynne Fenton que ocupa todavía el cargo de Directora Médica de Salud Mental de la Universidad de Colorado y había sido amonestada por prescribir medicamentos sin receta médica.

Con Adam Lanza la responsabilidad psiquiátrica apenas y ha figurado entre la nota roja y los comentaristas ‘’serios’’. Lo demás conduce al suceso matricida y a la responsabilidad de la propia madre en tanto los niños asesinados recibieron balas proyectadas desde armamento que estaba a su nombre, al nombre de la madre de Adam Lanza.

lunes, 8 de octubre de 2012

 America this is psychology



Una peculiar fecha en la historia de la Psicología que se enseña en las universidades señala el surgimiento de la Psicología experimental con Wilhelm Wundt en 1879, discípulo del delirante y genial Fechner. Pero el dato revela con toda claridad las huellas de la construcción de una historia y el establecimiento de un discurso que controla sus intereses, delimita prioridades y oculta evidencias.
 




A finales del siglo XIX a quien se consideraba en Alemania como padre de la psicología experimental era a Fechner. Sin embargo a la hora de presentar la psicología al mundo los estrategas norteamericanos deciden desplazar a Fechner y colocar a su principal discípulo, Wilhelm Wundt. ¿Podemos imaginar el conmovedor y rudimentario laboratorio donde Wundt intentaba estudiar científicamente los sentimientos? Una ciencia imperfecta se dirá, aún inacabada dicen aún los psicólogos conductistas cuyo auge se mantiene en los Estados Unidos, todavía. 

El establecimiento de las correlaciones a partir del más destacado discípulo de Fechner y su proverbial laboratorio, con los nuevos enunciados de la moderna psicología, son endebles, difusos, contradictorios, pero han permitido crear una ilusión creíble, una inteligibilidad falaz, de un pasado poblado de importantes descubrimientos y asombrosas correlaciones.
 

Lo que hace de Wundt un caso único de un supuesto fundador que no descubrió nada, no genero ninguna teorización importante, no estableció ninguna relación conceptual que perdure hasta la fecha, ni siquiera en el campo de la psicología norteamericana actual. La presencia de Wundt es emblemática, ideológica, pionera. Destaca no obstante, en las presentaciones y la historia de Psichology, que el propio Wundt no aceptó aquello que pretenden atribuirle hoy en día, es decir que se puede hacer de la psicología una ciencia comprobada mediante la experimentación científica.
 

A su proverbial laboratorio llevó la conciencia para estudiarla científicamente en diferentes rubros de la percepción y el pensamiento, llegando a la conclusión de que tal cosa no podía realizarse en un contexto tan artificial, sin tomar en cuenta al sujeto de esa conciencia.


¿Cómo entonces se puede afirmar que la psicología es una ciencia y Wundt su creador?

¿Pero qué es lo que si realizó Wundt? Escribió 10 volúmenes sobre la Volkerpsichologie, es decir, la psicología de los pueblos, que tendría que haberle valido el nombramiento meritorio de ser reconocido como el padre de la psicología social y no el de la supuesta psicología experimental. Dedujo, que la religión, la estética, el lenguaje, los mitos, y su incidencia en las personas no se pueden estudiar en un laboratorio.

En efecto hoy sabemos que la percepción es un fenómeno del lenguaje.

jueves, 13 de septiembre de 2012


N i e t z s c h e y el fin de la tragedia


En sus postulados sobre Sófocles Nietzsche expone una tesis cuya ferocidad crítica hacia la racionalidad occidental está ya claramente desplegada. 
Denomina el resultado del pensamiento racional y científico como un “conocimiento trágico”, y denuncia su impotencia para descifrar los misterios menos accesibles y enigmáticos del hombre. 

Tal situación, es solamente soportable por la presencia del arte. Ese planteamiento, sitúa el contexto del psicoanálisis y el surgimiento de Freud en su justa dimensión para abordar lo innombrable, el enigma del hombre, el abismo dionisíaco contenido en el drama individual de los padecimientos del deseo y del goce. 

¿Por qué algunas opiniones filosóficas afirman que la tragedia ha desaparecido?
La tesis de Nietzsche sobre la tragedia es simple: el pensamiento moderno abandonó la fuente dionisíaca de creación en su proceso de desciframiento de lo innombrable. 

El filósofo alemán denuncia los probables encuentros entre Sócrates y Sófocles. Se reunían y hablaban y el filósofo influía en dramaturgo y el devenir de la tragedia, para siempre. 

La escena de ese encuentro es sugestiva, imaginable, verosímil, incluso cinematográfica y aún así, tan lejana…..Pero no, para Nietzsche ese abandono de lo dionisíaco fue el principio del fin de la dramaturgia trágica de la antigüedad. 

La tragedia fue el escenario donde dejaron de enfrentarse las fuerzas vitales, la belleza, la justicia, el heroísmo, el terrible impulso de vivir, la verdad. 

Junto con este abandono de lo dionisíaco se desplazo un principio esencial de individuación que Nietzsche toma a su vez de Schopenhauer: 

“el conocimiento fundamental de la unidad de todo lo existente, la concepción de la individuación como la razón primordial del mal, la belleza y el arte como la alegre esperanza, de que se puede romper el hechizo de la individuación, como el vislumbre de una restaurada unidad”. Nietzsche, Sócrates y la Tragedia Griega,  Biblioteca Nueva, p 169.

La presencia de de estos planteamientos serán determinantes en la filosofía y no han sido ajenos a la tradición filosófica, en pensadores como Hölderlin, Schelling y Hegel, y retomado posteriormente por autores como Agamben,o Bataille, cada uno a su manera.
Se trata de ese principio referido a la tendencia dionisíaca, es decir al impulso a superar los límites de lo individual y reencontrarse con la naturaleza, reconciliándonos con ella aunque sea de una manera “desesperadamente breve”  que Bataille propone rompiendo toda atadura reivindicando el violento goce del extravío.

En síntesis las dos formulaciones básicas de nietzsche:

1) el abandono paulatino de la inspiración dionisíaca de la creación artística a partir de Sófocles.

2) las consecuencias de dicho abandono en el principio de individuación subjetiva.



martes, 21 de agosto de 2012


Michel Foucault y la violencia de los discursos en: La genealogìa del racismo
En la biografía de Michel Foucault destaca el dato sobre sus intentos de suicidio relacionados a su homosexualidad. Pudo sin embargo lograr una resolución subjetiva al margen del psicoanálisis al cual situaba entre las prácticas de la confesión, sin entender los planteamientos de su contemporáneo el psicoanalista Jacques Lacan. No obstante esta incomprensión de origen con el psicoanálisis pudo abrir toda una corriente de pensamiento inédita en los Estados Unidos donde expuso con plena libertad su pensamiento sobre la sexualidad.  Su influencia fue decisiva en el origen de los Gays and Lesbian Studies cuyos teóricos han establecido las transformaciones de las prácticas sexuales en relación a los dispositivos discursivos del poder.  Su influencia en Lacan fue decisiva en un momento crucial del retorno a Freud que se puede rastrear en su texto ''¿que es un autor?'' cuyas implicaciones son ampliamente abordadas por Jean Allouch en su libro Letra por Letra.
Desde 1970 hasta su muerte por una enfermedad asociada al diagnóstico de SIDA, Foucault impartió regularmente seminarios en el Collage de France. 
Presentación
En la La genealogía del racismo, Foucault se propuso analizar la relación de oposición entre conjuntos poblacionales. Descifra el modus operandi del Estado, sus instituciones y las relaciones de confrontación permanente de tales entidades contra los integrantes de la sociedad. Los conceptos abordados son de interés general y de actualidad ya sea que pensemos realidades tan distantes como la invasión estadounidense a Irak, o la realidad sociopolítica de México.

EL DISCURSO DE LA GUERRA


En torno a la guerra se organiza el primer discurso histórico político de las organizaciones humanas y la violencia constituye el fundamento de la organización política de los Estados, para los cuales, la política es la continuidad de la guerra. Foucault invierte la afirmación de Clausewitz en el sentido de que “la guerra es la continuación de la política” y genera una hipótesis del trabajo crítico sobre las relaciones de poder. Dicha inversión permite a su vez una serie de postulados de mayor alcance: 
1)             La paz social generada por la política detiene las confrontaciones, pero no suspende los efectos de la guerra ni neutraliza el desequilibrio resultante de una contienda armada. Por el contrario, la política afirma los efectos de la guerra y la inscribe perpetuamente a través de la institucionalización de las relaciones humanas y el contrato social. Se instituye la legalidad de las relaciones económicas desiguales a través de la regulación del trabajo. También la salud y la enfermedad se definen desde el poder. Así: la política,  “es la sanción y el mantenimiento del desequilibrio de las fuerzas que se manifestaron en la guerra.”[1] Por tanto, aun cuando la política acota y controla la irrupción de la violencia, la confrontación sangrienta permanece en estado latente y emerge de nuevo de manera irreprimible.
2)             La segunda consecuencia en la subversión de la frase de Clausewitz significa que las luchas políticas contra el poder y por el poder, son la continuación de la guerra.
3)             Cuestionando la eficiencia democrática, la inversión del aforismo de Calausewitz supone que únicamente las armas tienen la última palabra. Solamente el enfrentamiento armado puede modificar los vínculos reales de fuerza y poder: “no existen formas históricas de poder, cualesquiera que sean, que no puedan ser analizadas en términos de dominación de unos sobre otros”.[2]
Las relaciones de fuerza están mediadas por las leyes y el derecho impuestos por los vencedores para mantener un estado aparente de no guerra. Los ejemplos a escala internacional resultan más claros que a nivel local, pero en ambos casos los intereses de los más fuertes están asegurados por la vía del derecho impuesto tras la guerra. El Estado y su organización compleja de leyes e instituciones mantiene una violencia cuya manifestación abierta funciona a niveles operativos de dominación represiva e ideológica.


[1] Op. cit, p. 30.
[2] Ibid, p. 120.

viernes, 17 de agosto de 2012


¿Qué medicamentos tomaba James Holmes? 

‘‘El Guazon’’

La información noticiosa y periodística estadounidense presentó un evento de alto raiting televisovo con hechos dispersos y confusos, sobre un asesinato más en aquella nación. Si también allá. También en los Estados Unidos se puede observar cómo el lenguaje noticioso blanquea la realidad, la hace tolerable, digerible, aceptable, incluso entretenida. Un joven de 24 años decide presentarse a una función de Batman en julio del 2012, para matar a 12 personas y herir a 58, como si estuviese en dentro de la filmación y se hubiese adentrado en la lógica ficticia de héroes y villanos hasta perder la línea que separa entre la ficción y la realidad. El presunto asesino se identifica con el villano  ‘‘Guazon’’ y atribuye a los ahí reunidos una simpatía por Batbam, así que decide darles un escarmiento de una manera deshumanizada, con la misma frialdad que en las películas de Holywood. Con la diferencia de que esta vez Batman no llegó a tiempo para evitar el multihomicidio. Las notas periodísticas no indican en qué momento de la función el enloquecido villano inició el tiroteo, tal vez para no darle al suceso elementos para una narrativa de mayores alcances de irracionalidad social, que es en la que viven muchos millones de estadounidenses. También allá. Se gesta así una narrativa del horror al interior de una sociedad donde adquirir armas es algo accesible para cualquier ciudadano. La lógica democrática del consumo no distingue entre los trastornados y las personas morales que adquieren armas.  De hecho una de las consecuencias del tiroteo sangriento en la función de Batman consistió en la adquisición masiva de licencias para portar Armas en el estado de Colorado. Ahora los indecisos han elegido: hay que estar armado para una eventual y cada vez más probable defensa contra ataques de enloquecidos ciudadanos estadounidenses criminales. También allá.
¿Pero qué ocurrió a Holmes para haberse precipitado de esa manera en semejante locura criminal? No se puede reducir el suceso a una pérdida de la razón propiciada por la versión de la realidad a la que tienen acceso la media estadística de los ciudadanos estadounidenses, a través del cine y de lo que llamamos su ‘’cultura’’. Por más que los estadounidenses ‘’promedio’’ vivan sin un parámetro confiable sobre la ‘’realidad’’ debe existir más información que nos ayude a entender el caso del violento y joven asesino. Es un suceso al que tendríamos que sumar otros como el de Harris y Klebold en Columbine donde los jóvenes protagonistas también se conducen desde la locura asesina, sin una explicación lógica, entendible, con una completa pérdida de los parámetros de la realidad. ¿Existe algún hilo conductor entre estos casos que nos permita articular un planteamiento lógico, que de cierta coherencia a lo que ocurre tras estos repetidos actos de locura sujetos singulares?
En primer término tendríamos que preguntarnos que causa la locura. La pregunta por sí misma no garantiza que las respuestas nos conduzcan hacia la verdad pues existen distintas explicaciones y no hay posibilidad de una comprobación científica de laboratorio como puede ocurrir en las ciencias duras donde se trata de la materia y de niveles complejos de abstracción teórica. En este caso no existe una explicación teórica paradigmática que se ostente bajo el criterio de la falsación científica. Todo parece indicar que se trata más bien de una controversia de interpretaciones encontradas donde se halla en juego la verdad de aquello que es auténticamente humano.
No sabemos a ciencia cierta que es la locura aunque tengamos nuestras hipótesis. También puede ocurrir que la explicación científica no sea sino una versión ideológica manipulada por intereses políticos para orientar y conducir a los que salen de los parámetros de la normalidad psíquica y son sujetos políticamente inconvenientes.
De inicio los  científicos norteamericanos nos dicen que la locura se halla motivada por anomalías en el funcionamiento cerebral cuya fisiología deficitaria se halla correlacionada con aspectos genéticos y hereditarios. Existen diversas hipótesis que se refieren al hipotálamo y la manera en que su mal funcionamiento genera diversos tipos de problemas, incluyendo el ‘’cerebro deprimido’’. En esta parte de la explicación ya no se trata de una persona deprimida sino de un cerebro deprimido o de ideas violentas generadas por el cerebro enfermo. El sujeto humano, desde esta perspectiva desaparece del campo de explicación supuestamente científica. Hay que tratar al cerebro enfermo no a la persona.
Como se sabe el cerebro enfermo y el hipotálamo deficitario no producen las sustancias neurotransmisoras en cantidades adecuadas por lo cual el estress ordinario puede llegar a generar grandes problemas. En consecuencia el tratamiento consiste en restablecer la producción y el metabolismo de esas sustancias y el malfuncionamiento del sistema nervioso central. De esta manera las empresas farmacéuticas en los Estados Unidos crecen y generan cantidades multimillonarias.
Con respecto a James Holmes no se suicida como si lo hicieron Harris y Klebold en Columbine  y será el sistema judicial quien decida si merece la pena de muerte, o se le otorga el derecho a vivir en una cárcel por el resto de su vida tomando psicofármacos. La instancia acusadora se halla ante la posibilidad de condenarlo a muerte si su defensa no logra demostrar su condición de enfermo mental y por tanto por haber actuado sin plena posesión de sus facultades mentales, de ser ‘‘mentalmente incompetente’’.
Pero existen otras características únicas y probablemente irrepetibles que distingue a James Holmes y le definen como un sujeto verdaderamente sintomático de la cultura estadounidense que es al mismo tiempo un modelo de la cultura occidental que tanto determina nuestra concepción de la realidad.
En primer lugar tenemos su condición de estudiante de neurociencias cuyos objetivos son el estudio de los procesos fisiológicos, microscópicos, neuronales y sus trastornos bioquímicos que generan sufrimiento y anomalías en la conducta. Es decir que Holmes probablemente buscaba una explicación a su propio sufrimiento, una respuesta para sí mismo. Esto se confirma con el hecho de que Holmes pidió ayuda a la psiquiatra Lynne Fenton que ocupa el cargo de Directora Médica de Salud Mental de la Universidad de Colorado donde el propio Holmes estudiaba neurociencias.
De esta manera la urdimbre de implicaciones éticas y legales, médicas y farmacológicas empiezan a tomar una complejidad similar a la trama de una novela de realismo extremo, hilvanada en el contexto de una película de ficción.  La conjunción de elementos e información disponible, que distribuye las posibles responsabilidades, incluye el alegato judicial de no dar a conocer ante la opinión pública el contenido de un cuaderno que el paciente Holmes hizo llegar a su psiquiatra en el cual se presupone que detalla la anticipación de su terrible acto criminal.   La fuente informativa Mail on line (visitada el 1 de agosto) detalla que la doctora Fenton, se prescribía a sí misma, en el 2005, un ansiolítico de nombre Xanax y a su marido le prescribía también medicamentos para dormir. Este hecho fue registrado pues las autoridades de la universidad hicieron una amonestacióna la doctora, por no indicar en un registro médico la prescripción que estaba dándose a sí misma y a su esposo. El suceso fue documentado por la cadena 7NEWS a partir de los recientes acontecimientos.  
La práctica psiquiátrica es una práctica de medicación que forma parte de una robusta actividad empresarial que conforman el mapa de la cultura de la salud mental de los estadounidenses que incluye también a sus especialistas, a los neurólogos, a los médicos y los psiquiatras. Y ahí en ese escenario estaba James Holmes estudiando neurología. Todos ellos coinciden en explicar el comportamiento humano, sus estados emocionales y afectivos en función de la fisiología del tejido cerebral.
Uno de los temas de especial cuidado sobre el caso se refiere a los medicamentos que tomaba Holmes, pues existe información previa bien documentada por el congreso estadounidense sobre los efectos de Prozac ampliamente asociados con las conductas homicidas y suicidas de los pacientes que las ingieren como parte de un tratamiento. Así que en esta narrativa de sucesos se incluye con toda seguridad al mismísimo gobernador del Estado de Colorado, y desde luego a los abogados que acusan y los que defienden y a los representantes legales de las farmacéuticas para quienes el ingreso de millones de dólares es realmente un asunto muy serio. Así las cosas ¿conoceremos qué medicamentos hestaba tomando Holmes? Hasta hoy no se conoce esa información. Dificilmente se diría ‘’si, Holmes tomaba Prozac antes de su crimen’’. Es de imaginarse la enorme reducción de prozacs ingeridos durante los siguientes meses de la noticia.
Como en otros casos los abogados especializados de las farmacéuticas maniobran con pericia para que el tema no se centre en la prescripción legal de fármacos que generan conducta violenta, suicida y homicida. También estaba presente una historia de medicación psiquiátrica en el caso de Columbine de los adolescentes Klebold y Harrys. No se trata de casos aislados, sino de sucesos acallados por los poderosos medios de incomunicación. Se sabe también de lamentables suicidios en otras instituciones no educativas como en el ejército estadounidense, la US Army, donde soldados tratados pisquiátricamente han terminado por suicidarse. Desde luego se trata de información confidencial. En lo que no sabremos en el porvenir del Jame Holmes, una de las coartadas posibles será la de señalar a la Dra. Fenton como posible responsable en cuanto a la prescripción de dosis inadecuadas del medicamento. Si las dosis o el medicamento no fueron los adecuados, se dirá, la prescripción precisa hubiese dado resultados distintos.
También es probable que Holmes sea confinado por el resto de su vida tomando medicamentos que lo mantendrán como un sombie el resto de su vida, si no se ‘’suicida’’ antes, sin posibilidad de acceder a la verdad que el trataba de encontrar sobre sí mismo, en las explicaciones neurofisiológicas y la naturaleza del funcionamiento cerebral, neuronal, sináptico, molecular, microscópico y científico de su sistema nervioso central.
Para finalizar señalemos que Holmes no solo buscó ayuda sino que en cierto momentos manifestó sus inclinaciones destructivas. Al respecto existe una prueba importante. Se trata de un paquete que contiene entre otras cosas un cuaderno que Holmes había enviado a su psiquiatra la Dra Lynne Fenton en el campus de la universidad, poco antes de anunciar que dejaría sus estudios de neurociencias. El paquete fue incautado por las autoridades el 23 de julio, tres días después del terrible suceso. La autoridad señala que esa información debe permanecer confidencial y protegida en función de que se trata de  una relación privada de médico paciente. Las partes en conflicto no han apelado esa solicitud de confidencialidad.
Las coincidencias han querido que también el caso de Columbine  exista una información confiscada por parte de la policía, de otro cuaderno de uno de los adolescentes del caso Klebold y Harris, pues se ha considerado que no es conveniente dar a conocer los contenidos de los cuadernos de una persona trastornada y enferma. En la nación donde hay una gran libertad para la compraventa de armas, esa información privilegiada sobre los sujetos, la singularidad de sus vidas y padecimientos, permanece inaccesible al público.
Una nota de las que circularon sobre el desafortunado James Holmes anotaba lacónicamente lo siguiente: ‘’El joven procesado estudiaba Neurología en la Escuela de Medicina de la Universidad de Colorado y podría haber tenido una vida muy feliz’’.
Algunas fuentes afines de consulta en línea:

viernes, 3 de agosto de 2012


Lengua subversiva

Eyaculante y perversa, promiscua y seductora, elitista y subyugante.

Atadura del universo del sentido, la lengua trata de estallar sus conjeturas con la arrogante permanencia de su juventud y de su poética impostura, al fin atada y sometida al imperio del signo.

Palpitante, acelera el pulso del poeta que se afana en extenuarla siendo su medio y su vehículo.

Insensible, avanza inexorable haciendo de su cuerpo un sobrante de la operación de la vida.

Dictaminadora, la lengua se abre paso a dentelladas y materializa la orgía de sus posibilidades, inyectando los flujos de su linaje.

Ingenua, escribe más de lo que intenta y domina el espacio temporal de su incertidumbre.

Indiferente, sigue cobrando cuando abre sus piernas, como gran puta, para que el lector intente deleitarse en ella, con fingido orgasmo de lectura.

Exabrupta, acoge a quien sea y modifica su dirección y su sentido con el antojo de su astuta decadencia.

Monótona, sigue las reglas y yace boquiabierta, concentrada y exhausta en la metáfora y el canto riguroso de su exterminio.

Insurrecta, se deja ordeñar para que el usuario se alimente de su sangre que violenta el vuelo antropofágico, ceñido a la oscura caverna del sueño.

Virulenta, no se limita al sinsentido y arroja fuegos libertarios que se consumen con el instante asiduo que instrumenta.

Desconcierta al tejedor de estambres enmohecidos en poetricidades macilentas e infames poetideces que atormenta su paisaje ennegrecido.

Agotada, yace, casi muerta hasta que de nueva cuenta sea estremecida la carne que interpreta, el oscuro latido de su oleaje henchido en la playa tan marchita y tan desierta.

Sorpresiva, resurge en el momento menos asistido entre las rocas y los cristales del planeta a cuya órbita sigue encadenada en cada letra.

Inasible y pluscuanperfecta se escabulle en la postal que envía sin remitente activo al destinatario incapaz y al cajón del silabario.

viernes, 3 de febrero de 2012

En el principio era la servidumbre

En el principio era la servidumbre
A Hegel debemos el mito de la confrontación del origen  de la humanidad: el vínculo del Amo y el siervo. Es uno de los pensamientos filosóficos más sugerentes sobre la relación política, institucional, administrativa, doméstica, de la condición humana. El siervo y el amo protagonizaron el rompimiento del grado cero de la historia y el inicio de su dialéctica. En el principio era la dominación pero también la confrontación sangrienta. El siervo debía abandonar su servidumbre como condición necesaria para iniciar una dialéctica de humanización con nuevos horizontes. Pero el precio tendría que ser alto, solo arriesgando la vida podría humanizarse. La verdad de la condición existencial se hallaba del lado del ciervo pues el Amo evitaba cualquier riesgo a su dominio. La confrontación a muerte era la única posibilidad. No es el único relato de origen cuya escena sea la confrontación sangrienta. También el relato de Caín y Abel escenifican el origen de confrontación sangriento de lazo íntimo y filial. Pero el más significativo es el crimen que da inicio a nuestra era: asesinato de Cristo. Pero volviendo a Hegel, bajo la amenaza del aniquilamiento, el siervo decide un día, salir de su servidumbre. ¿Por qué los líderes mundiales no han instituido el día internacional de la servidumbre? Porque ese sería el día en el cual se abriría la modificación de las condiciones discursivas del sometimiento. Arriesgando la vida y el cuerpo que no le pertenecían, el siervo hubo de apropiárselos, aunque no fuese sino para morir como un sujeto humanizado. Desde que se inicia la organización histórica de la esclavitud se posibilitaba al mismo tiempo la posibilidad de la insurrección. La esclavitud de los animales es sin esperanza de insurrección. Sin conciencia de la subordinación de su existencia el siervo se acerca a la condición de las bestias del rebaño. Sin lenguaje no hay liberación posible. Y ahí tenemos nuestro escenario civilizatorio. Nuestra especie inicia su recorrido por el mundo desde el mito del origen de la subordinación al Amo, que paradójicamente le da estructura para existir socialmente. Eso explica nuestra dificultad para abandonar el recinto de la codependencia amorosa de la servidumbre voluntaria, hacia nuestros amos y semejantes, los pequeños despóticos allegados, los jefes, los funcionarios en turno, los padres, los tlatuanis, los maestros, la madre todo poderosa. Salir de las redes del discurso del amo es incluso una inclinación contraria a la tendencia de la naturaleza social del rebaño familiar, escolar, social. De hecho es contra la naturaleza del propio origen, de la subordinación histórica al rey, al santo padre, a la iglesia, a los propios padres, la educación recibida, el Estado, la tradición, y las modalidades discursivas e ideológicas de la cultura. Es el marco referencial para entender la psicopolítica. En este contexto el psicoanálisis nos revela que es el deseo que hacemos propio, la condición necesaria para salir del enfrentamiento permanente contra el amo. La confrontación no es fructífera si no hay posibilidad de interrogar nuestras ataduras de dominio y servidumbre. En el mito de Hegel hubo entonces un mítico primer día de la historia, cuando el siervo decide, sin conocer el alcance de su acto, la mecánica del movimiento histórico. Si fuera por el amo no habría historia sino una continuidad de dominio permanente, sin síntomas de desobediencia o insubordinación. Algo similar a lo que los defensores del fin de la historia proclamaron con el colapso del la URSS y sus zonas de influencia. El descarado “triunfo” del proyecto industrial-mercantil de civilización ultra capitalista. De ahí el arte difícil de educar ejecutivos para la servidumbre de los negocios. Ha de hacérseles creer que podrán ser, si se lo proponen, líderes regionales, cuando en realidad pasan a formar parte del andamiaje de la servidumbre gerencial.  En cuanto al amo en la antigüedad, conforme los dioses antiguos se desprestigiaban y el nacimiento del nuevo Dios Cristo no tenía todavía lugar, el amo era el Cesar, pero a partir del cristianismo un solo amo tripartito impidió, la proliferación de Amos para concentrarse en los Reyes, el reinado de amos terrenales, que contaban con el apoyo divino. La función política de Dios consistió en mantener un lugar por encima de cualquier amo incluso con su discurso dogmático. Incluso el Papa se remite a Dios para justificar el dominio antidemocrático del Vaticano. Cuando llegó el capitalismo la lógica del plus valor ocupó esa función divina de representar el poder absoluto y para ello se hizo laico, sin cortar del todo con su vínculo religioso. Los ‘’amos’’ se siguen reproduciendo con su misma vocación de dominio, se niegan a someterse a la ley, a las reglas del bien común, y utilizan una simulación de conteo de votos inducidos y programados al que denominan democracia. Los amos del capitalismo también luchan para no ser gobernados ni alcanzado por la ley. Siendo la del capital la única ley todo poderosa la progresiva ausencia de normas parece ser la divisa del nuevo proyecto civilizatorio mercantil.      

viernes, 4 de noviembre de 2011

TALLER PSICOANALISIS Y CRIMINOLOGIA

TALLER
Psicoanálisis y Criminología
PSICOANALISIS Y CRIMINOLOGIA




La posibilidad de abordar el fenómeno criminológico dialécticamente supone tomar en cuenta tres aspectos fundamentales: 1) La dimensión antropológica 2) La dimensión subjetiva 3) La dimensión sociopolítica. Para abordar estas tres dimensiones que circunscriben el fenómeno criminológico los postulados de Jacques Lacan y de Pierre Legendre nos aportan el sustento teórico que constituye un marco conceptual. A partir de esta referencia teórica tenemos la sustentación del concepto de transmisión como constructo civilizatorio, genealógico y político que incide en la conformación del sujeto moderno en las sociedades occidentales de nuestro tiempo. Lo anterior supone que todo fenómeno psíquico, transgresivo o no, se vincula con alguna de las funciones institucionales que componen lo social, siendo la familia aquella donde las determinaciones esenciales tienen lugar. En nuestra cultura la familia es la institución donde se han generado las funciones parentales con sus transformaciones sucesivas en distintas épocas hasta la ultramodernidad de nuestro tiempo. Pero incluso hoy en día la familia sigue siendo un articulador, una bisagra, y un espacio de pasaje entre lo privado de los lazos íntimos a lo público de lo social y el interés común, vía la eficacia de la metáfora paterna. En este sentido las funciones parentales deficitarias se encuentran siempre en la problemática de la transgresión y la penalización jurídica.


En el curso abordaremos cada una de las tres dimensiones señaladas y su implicación en lo que denominamos un espacio de pasaje para llegar a la realidad práctica que supone la impartición de justicia, sus problematizaciones, la responsabilidad subjetiva del acto criminal y los elementos de peritaje implicados en el tratamiento posible a los infractores. Nos referiremos concretamente a la experiencia con los infractores menores de 18 en la coyuntura del cambio gubernamental del Gobierno Federal y las modificaciones estructurales en el tratamiento comunitario a infractores adolescentes a cargo del gobierno del Distrito Federal.


TEMARIO


I La dimensión antropológica


a) ¿Porqué matar no puede ser un tabú?


b) La función positiva de la prohibición del incesto


c) Presencia y función de lo prohibido


d) Ritualización del pasaje


e) Diferenciación generacional y genealogía


f) Los mecanismos que mediatizan la violencia sangrienta


g) Lo simbólico articulador del soporte biológico


II La dimensión psicopolítica


a) La representación fundadora del sujeto


b) El padre como imago institucional y como representación ante la Ley


c) El hijo como construcción civilizatoria


d) La omnipotencia individual como imposibilidad absoluta


e) El principio de la razón occidental y la genealogía


f) Laicización del referente absoluto


g) Implicaciones políticas de la institucionalización de la vida


h) La transgresión como modus operandi de las operaciones políticas


III La dimensión subjetiva


a) El tercero de la ley y la construcción subjetiva del padre


b) El sujeto ante la ley


c) El faltante activo de lo simbólico en el vínculo social


d) El acto homicida como efecto de la desubjetivación


e) El acto transgresivo como efecto directo de la omnipotencia


f) El acto transgresivo como posibilidad subjetivante


g) La deprivación subjetiva de lo simbólico


IV La función posible de la impartición de justicia


a) La introducción del tercero de la ley


b) Remitir al sujeto a la referencia


c) Restitución del sujeto a la subjetividad


d) Experiencias en el Sistema penitenciario del Distrito Federal: los menores infractores






Bibliografía básica:


Pierre Legendre, El sublime objeto de la transmisión, México editorial siglo XXI. Pierre Legendre, El crimen del cabo Lortie, México Editorial siglo XXI


Jacques Lacan: Introducción teórica a las funciones del psicoanálisis en criminología, La agresividad en psicoanálisis, Escritos, Tomo I, México 2003, Editorial Siglo XXI

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miércoles, 6 de julio de 2011

Niñez, adolescencia y tansgresión

Niñez adolescencia y transgresión







Los niños y adolescentes marginados que viven en México, es decir la mayoría de la población total de menores de 18, pasan a formar parte de una juventud donde la función educativa ocupa un lugar cada vez menos importante en sus vidas. Es la calle y sus bandas, sus pandillas, la zona de socialización urbana que mas los seduce, los invita, los acoge, los protege, y les impone sus reglas y su cultura. Así el pasaje socializante de la niñez a la pubertad o de la pubertad a la adolescencia tiene lugar, cada vez más en la calle. En gran número también las familias, violentas los empujan a salir a buscar algo mejor, pues la institución familiar decae progresivamente en cumplir su función conductora, delimitante y diferenciadora, por la vía de la normatividad y la ley. Esto es bastante claro con respecto a la ausencia de padre o de padres inmersos en la ilegalidad, y la transgresión. Las nuevas generaciones paulatinamente vienen al mundo de la socialización y los intercambios primarios, sin haber pasado por la transmisión normativa, lo cual los hace más atrevidos, impetuosos, y refractarios a una conducción educativa. En la calle, los grupos generan su propia cultura, sus reglas de convivencia, su manera de hablar y de vestir y su propia ley que termina siendo la ley de la calle, la ley del más potente. Expuestos a la intensidad sin mediaciones normativas, las drogas, la violencia, la delincuencia, va ganando terreno en sus vidas. En este sentido podemos decir que estamos asistiendo al fracaso civilizatorio internacional de la función escolar. Es decir el Estado cada vez más, deja de tener injerencia delimitante y formadora en la conducción de los potenciales ciudadanos que integran una nación. Es una de las lecturas que acepta la creciente deserción escolar. De esta manera las bandas juveniles convencen fácilmente con sus nuevas reglas, sin proyecto ni pacto social, sin más porvenir que el consumo inmediato que rodea la vida transgresiva y su consecuente derroche de dinero inmediato, temerariamente obtenido. La posibilidad de convertirse en adulto es para ellos demasiado lejana, casi improbable, sus parámetros psicosociales no alcanzan a generar proyectos de vida. Sus planes no van más allá de un futuro inmediato. En este contexto de varias generaciones de transmisión normativa deficitaria se empiezan a conocer los casos de adolescentes transgresores que a los 16 años tienen ya una carrera de adicciones y actividades delincuenciales. La degradación de las condiciones normativas estructurales que hacen posible la reproducción de la vida, favorecen estos fenómenos preocupantes que indudablemente van en aumento. Es decir los números y porcentajes de medición poblacionales que documentan el aumento de la delincuencia tienen su origen en la caída de la legalidad, la normatividad, la Ley y sus otrora figuras e imágenes representantes. La imagen emblemática de quien representa el orden normativo ha dejado de ser verosímil, como tal, la persona del padre existe cada vez menos. Ha de observarse de manera urgente que nuestro proyecto civilizatorio está perdiendo la capacidad de incorporar a su población a una vida integrada a los intercambios necesarios que hacen posible la vida dentro de los parámetros de la normatividad, la reciprocidad, y el pacto social.

martes, 7 de junio de 2011

Desregulación de la ley

Desregulaciones de la Ley




El delito forma parte a todo tipo de actividades lucrativas plenamente legalizadas. Cada cultura, cada sociedad tiene sus formas particulares de corrupción y de transgresión de la ley. Podríamos decir que la corrupción forma parte del fantasma del orden gubernamental, es decir, le es inherente. No se trata de que exista la transgresión en los gobernantes, sino que es la esencia del gobierno, su modus operandi. Sin ella, no hay organización social del poder. Constante y compulsiva, la transgresión es un efecto de la ausencia de articulación entre Ley e instancia de lo real que detente el punto límite. No se anudan, el padre muerto ha dejado de existir. No se le puede matar para hacerlo existir en una infructuosa operación que termina siendo fallida. La referencia a lo imposible ha dejado de existir. El lugar de lo imposible ha sido tomado por la organización empresarial y los negocios. La desregulación de la Ley sigue avanzando con sus inevitables consecuencias. ¿Hasta donde llegara la ausencia de referentes? De ahí la pertinencia teórica y práctica del psicoanálisis y la participación de los psicoanalistas sobre el tema.

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Haber conocido adolescentes infractores y hablar con ellos me mostró otra cara de la transgresión desde una perspectiva clínica. La transgresión de los adolescentes, en algunos casos, pude ser el acto que precipita un intento de hacer el llamado a la ley del padre ausente. El encierro los apacigua, les permite seguir viviendo, sin hacerse matar, y en ocasiones pueden tener el encuentro con un “terapeutas” con conocimientos psicoanalíticos, con quienes pueden hablar de lo que les sucede. En el encierro de cualquier manera encuentran una ley que sustituye la ley del padre, es la ley del grupo que impone sus formas de operar la transgresión de manera despiadada.

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José Alfredo, el preclaro poeta de la canción supo plasmar esa realidad del folclore nacional al referirse al rey, un desdichado “sin trono ni reina” que se sostiene desde el puro narcisismo: “hago siempre lo que quiero” y para rematar: “y mi palabra es la ley”. Claro que cuando pasamos a la esfera del poder y el gobierno, esta realidad del folclore poético de la decadencia se torna ominosa, pues el funcionario que actúa haciendo lo que quiere y convierte su voluntad en ley, y las cámaras (de senadores y diputados) aprueban haciendo lo que quieren, esas propuestas salidas de sus ilustrados entendimientos, dan como resultado la realidad que tenemos ante nosotros.

martes, 10 de mayo de 2011

La invención lacaniana de la fase del espejo


Autonomía de la imagen del cuerpo propio

La invención lacaniana de la fase del espejo surgida del París de la posguerra, constituye el punto de rompimiento epistémico con las pretensiones organisistas de las ciencias sociales norteamericanas cuyos parámetros rigen globalmente el ámbito universitario internacional. Junto con Levi Strauss la fase del espejo de Lacan escinde cualquier intento de la ideología científica según la cual el sistema nervioso central y periférico determina la conducta, el pensamiento y la conciencia de sí de los seres humanos. Lacan demuestra de manera irrefutable que la función de la imagen integradora logra deslindarse de la insuficiencia del sistema nervioso y locomotor del menor entre los 6 y 18 meses de edad, cuya precaria articulación motriz es decantada en la unificación psíquica corporal, trascendiendo las determinantes biológicas y haciendo posible la anticipación del surgimiento del yo identidad/consciencia.

La fase del espejo demuestra que el organismo biológico no se corresponde armoniosamente con su integración perceptual y de identidad, pues se requiere de la imagen visual y perceptiva integrada en el espejo, orientada con la mirada del Otro, para solucionar la potencial percepción del desmembramiento del organismo. Las implicaciones prácticas en la clínica de los acontecimientos de despersonalización tienen además una connotación epistemológica en la concepción social del sujeto y las vicisitudes de la dialéctica requerida para convertirse en sujeto y tener acceso a la apropiación de un cuerpo subjetivado con sus puntos de inconsistencia subjetiva. En padecimientos graves como la anorexia se constata un déficit en esta esfera vincular en tanto la mirada del adulto ha formado parte de ese acontecer.

Este nuevo entendimiento de la función especular de la imagen ante el espejo bajo la esfera simbólica del Otro permite entender la construcción de las identidades a partir de la incorporación en una entidad denominada ‘‘yo’’ que hace posible una identidad de sí. Ese que está ahí dice la madre, ese eres tú.

En este sentido es hasta Lacan que se destituye el entendimiento de la construcción moderna del sujeto, concebida a partir de Kant, Darwin y Descartes, hecha realidad desde el acontecimiento político que instituye al sujeto moderno: la revolución francesa que se inicia en 1789. Se derogó para siempre la condición psicopolítica del súbdito ante el soberano para dar paso a la identificación dada por el Estado bajo la categoría genérica de ciudadanía dotando a los sujetos de facultades y libertades individuales de mayor alcance que las establecidas bajo el concepto de súbdito. Este cambio se ha expresado como conciencia de la desdicha en un plano distinto del sometimiento moderno donde el sujeto se halla desposeído de la posibilidad de construir su propio destino y decidir su propia existencia.

La controversia de las interpretaciones sigue teniendo como telón de fondo el dominio de los gobiernos y el Estado sobre los individuos. En esta controversia el discurso del Amo, que es el de la ciencia, no cesa de instituir y renovar continuamente el determinismo biológico, donde se juegan los intereses del mercado, el consumo de medicamentos, la hospitalización y la privatización de los servicios de salud y la salud mental cuya definición ha sido instituida nada menos que por la Organización Mundial de la Salud a partir de las directrices de la psiquiatría norteamericana.

La contribución al conocimiento sobre la subjetividad que Lacan aporta desde la clínica a lo humano tiene entonces un entrecruzamiento con el establecimiento social del sujeto moderno en función de su imagen de sí, y su identidad psíquica articulada a su apariencia corporal, anudada desde luego al narcisismo de su ser. No sospechamos hasta que punto tiene una historia el presentar una credencial de elector para identificar nuestra existencia instituida con la inclusión de una imagen que ha de corresponder con su propia apariencia.

sábado, 30 de abril de 2011

C I N E PARA A D U L T O S

C I N E      P A R A     A D U L T O S





En la magnífica cinta El anticristo, el talentoso danés Lars Von Trier, hace posible un despliegue de abordajes diferentes aunque acotados. En estas líneas de presentación podemos tomar un interrogante sobre la ‘‘terapia’’, la cura, la pulsión de muerte. El escenario se sitúa en la vinculación madre, hijo, padre. La muerte accidental del hijo de ambos constituye para ella el detonador de lo imposible que la constituye como sujeto. Podemos sin embargo seguir el tropo del filme y plantear las cosas desde la perspectiva más digerible sobre un tema conocido por muchos universitarios sobre las dificultades subjetivas para la elaboración de un trabajo de tesis. La investigación que podría permitirle a ella elaborar algo de su goce ante el faltante activo de la castración, la culpa y el castigo, encuentra el escollo de una imposibilidad, la roca viva que impide su avance sobre lo real. Lo subsecuente es el ‘‘accidente’’ del pequeño. El significante que da cuenta de la falta subjetivante no llega. Las consecuencias entonces estallan y el ‘‘terapeante’’ termina por facilitar el pasaje que el odio del inconsciente precipita. Algo que por cierto ocurre en el ámbito terapéutico. De ahí la opción diferente de hacer un análisis.

lunes, 17 de noviembre de 2008

La psicología laboral y lo inconsciente

La psicología de las rivalidades laborales

Para fines didácticos la psicología ha subdividido el área laboral y la clínica como entidades de conocimiento separadas. Sabemos no obstante por las aportaciones del psicoanálisis y por el testimonio de nuestros pacientes que en lo laboral también tenemos el elemento familiar. Incluso la consultoría ha tenido que atender la necesidad de ampliar sus márgenes a la orientación del councelor empresarial que termina hablando con el cliente y/o empleado de la familia y su relación en el malestar laboral.

Para gerentes ejecutivos tanto como para sus subalternos las líneas de mando y la autoridad genera un cuantum de malestar que afecta el sistema. Por una parte se cruza el el imaginario narcisístico de los vínculos y por la otra el elemento inconsciente sexual.

Existe en la convivencia cotidiana el fenómeno del acoso laboral. Es la forma en que los empleados le cobran a la empresa el trabajo no pagado, es decir, utilizando a otros empleados para recrear sus propios fantasmas inconscientes de poder, sumisión, seducción, imposición, etc, todo bajo el ropaje de las relaciones laborales.

Resulta entonces productivo hacer algunas preguntas sobre este despliegue de elementos del vínculo entre jefes o jefas y subalternos, cuyo organigrama tiene arriba de cada jefe otro jefe, o jefa. En la trama de este guión de rivalidades, cooperación y competencia, el trabajo puede utilizarse como el pretexto para hacer valer el formas de subordinación y lealtad incondicionales, que no se hallan comprendidas en el contrato laboral, pero se presentan de diversas y múltiples maneras.

Se dice que para la empresa lo importante son los resultados aunque para ello sea necesario sacrificar posiciones detrás de las cualesexisten personas que pasan a ocupar el lugar de un prescindible activo que se puede arrojar por la borda.

 


sábado, 28 de junio de 2008

crematistica, economía, psicoanálisis

Crematística, economía y psicoanálisis
El don de nada

En El Capital[1], Marx distingue entre el atesorador y el capitalista. El primero, nos dice, no es otra cosa que el capitalista trastornado; el segundo, en cambio, es un atesorador racional. Son diversas las implicaciones de esta interpretación que Marx toma de Aristóteles para hacer su reflexión crítica en El Capital. ¿Cómo hacer una lectura de esa tendencia a lo ilimitado, en la figura del enriquecimiento, o el poder?

Aristóteles en su Política establece una diferencia entre crematística y economía. La primera es una actividad que tiende al sin límites, en donde el fin mismo se orienta a un absoluto; mientras que la economía sería una actividad limitada a objetivos específicos planeados y concretos, un medio dice el gran estagirita, y no un fin de enriquecimiento en sí mismo. 

Entonces queda claro donde se sitúa el sistema capitalismo industrial que tanto deja abierto a lo ilimitado. Ese imperativo de crecimiento en el que no se conciben los límites a la producción y el desarrollo deniegan todo límite. Algo así como Si sabemos que hay recursos no renobables que estamos agotando, aún así........

El objetivo de enriquecimiento ilimitado responde también a una lógica en la cual se pretende el poder de una manera ilimitada, es tendiente a lo absoluto.

Sus sujetos también parecerían orientarse por la divisa de esta ideología del “sin límites”, el “todo es posible” de la nueva realidad y los nuevos vínculos sociales con sus respectivas economías e instituciones desechables. 

Una de las divisas ideológicas de la modernidad: “superemos todos los límites”.

Heilbroner y lo anacrónico
Diversos autores se han ocupado de las implicaciones psíquicas en el uso y la manipulación del dinero, tratando de vincular, a Marx y a Freud. Uno de ellos ha sido Heilbroner que se destaca no solo por la calidad de su trabajo sino por una omisión interesante. 

Al distinguir entre el componente irracional clásico (marxista), vinculado a la ambición, el poder y el tema del prestigio, hace intervenir conceptos tales como la prolongada lactancia materna, las necesidades afectivas del sujeto, el narcisismo infantil, el elemento patológico y “los niveles inconscientes de la personalidad". 

Al ocuparse del tema de la acumulación de poder, Heilbroner sostiene que dicha acumulación va más allá del prestigio, y lo vincula a las formas de sumisión social y a lo que él llama la naturaleza dependiente que caracteriza al individuo, y sus impulsos sadomasoquistas presentes en el proceso de desarrollo infantil:

''Ésta es la característica de la naturaleza humana que abre la posibilidad, en primer lugar, a una estructura de dominación, los elementos agresivos o pasivos del inconsciente, sin los cuales el ejercicio o la aceptación del poder no podrían aparecer''.[2]

En este desarrollo, el lector advertido puede apreciar una omisión de Heilbroner pues ni los nombres de Freud ni Lacan son mencionados en ningún momento del recorrido. 

Aunque Heilbroner intenta articular a Freud y a Marx, se abstiene de los beneficios que puede aportarle Jacques Lacan a propósito de el “plus de gozar” articulado al plus de valor. Tampoco se beneficia de los autores que recurren al corpus conceptual lacaniano para generar un discurso en el cual se reanuda la interpretación crítica del sistema capitalista, retomando el concepto del sujeto. 

Ese plus de gozar impone a los criterios de racionalidad un excedente intratable, por las vías ordinarias.
Hasta antes de Lacan el planteamiento de la imposibilidad lógica de la cosa y el objeto “a”, no existían para vincularlos con el tema del gasto, el dispendio, la dilapidación, el derroche. Esa otra economía emparentada con la pérdida y el vacío que se presenta en la economía del sujeto emparentada a la suspensión y reanudación de las relaciones de dominio y el sometimiento subjetivo, en la vida política, erótica y amorosa de los sujetos. 

Tenemos entonces una elemento conceptual adicional , por principio enigmático –el esencial invento del objeto “a” de Lacan- que rodea la cosa imposible, para abordar de otra manera lo ilimitado y lo absoluto de la crematística que definió Aristóteles.

Quedan así algunas líneas para la reflexión sobre el comportamiento irracional de los sujetos en materia de enriquecimiento y su ambición dirigida a lo ilimitado y las formas tecnocráticas en el ejercicio del poder y la ley. 



Jean Douvignaud[3]
Este antropólogo francés se ocupa de la economía improductiva a la que nos conduce la lógica del dispendio improductivo promovida por la sociedad capitalista. Con la influencia lacaniana y de Bataille, este autor supone la existencia de un objeto de don, cuya naturaleza es vacía y sin embargo determina la dinámica de los intercambios de dicho don. 

Se trata de una sustancia cuya naturaleza es la nada, un elemento de la estructura escapa a la estructura misma. Douvignaud utiliza el concepto para referirse a la “inutilidad radical”, ese algo que existe y se mantiene fuera del campo de la simbolización sin posibilidad de ser incorporado al desarrollo de las actividades humanas, sin oportunidad de hacer de él “progreso” o historia. 

Solamente se le puede tratar como “nada”, sin alternativa de ser utilizado con fines de progreso, pues no genera obligación de reciprocidad. De esta forma Douvignaud se opone explícitamente a Marcell Mauss y su lógica del Don, pues reciprocidad y obligatoriedad sobre el intercambio son precisamente los elementos que Mauss utiliza para definir el mecanismo funcional del Don. 

Douvignaud se vale del concepto don de nada para hablar de una actividad circunscrita y organizada que interroga el sentido de los procesos normativos y las actividades humanas.

Cuando se aborda este objeto paradójico entramos en un escenario donde desaparece todo referente simbólico sin disolución de la colectividad se refiere a una singular actividad humana que tiene lugar en Playa del Futuro en Brasil. 

Dicha actividad posee semejanzas con los mecanismos de derroche y dilapidación de la fiesta de otra comunidad, la de Sidi Sotan en Túnez. En ambas aparece una laboriosa actividad organizada en aparente desorden. En Playa del Futuro el consumo de energía muscular, el baile y las danzas, el movimiento rítmico de los cuerpos, el gasto económico donde todos participan, genera una actividad de derroche que culmina en una “disolución momentánea de la vida social organizada.” 

Esta gran actividad no reconstruye pasado alguno, ni fortalece la memoria colectiva, no refuerza la cohesión social, ni la identidad o la tradición. Por el contrario, las ponen en entredicho suspendiendo toda forma de normatividad, de registro y de sentido.

Al suspenderse la representación de toda identidad, se cancela el registro de la existencia, y se abre el acceso a la zona donde “no pasa estrictamente nada”. Es la zona no accesible a los registros ni al lenguaje, donde florece el vacío. Tal puesta en suspenso de la memoria y lo simbólico se circunscribe al ritual de la fiesta, motivo por el cual tiene un valor incomprensible para nuestras sociedades ávidas de registros y rentabilidad, nos dice Douvignaud.


Tales actividades comunitarias no generan violencia, invierten las fuerzas actuantes de lo violento, y desactivan los vínculos por los que el poder mantiene su red institucionalizada.
En la fiesta aparece el lujo del derroche, el desorden, la voluptuosidad. Douvignaud considerará que Mauss no logra vislumbrar estas modalidades del ritual, en las cuales no existe, la reciprocidad ni el intercambio, pues no hay nada que dar, “salvo esa nada". 

Se critica así, la racionalidad y la ideología dominante representada por Marcel Mauss, ya que considera las formas de intercambio y las prácticas del don como anticipación de la economía del mercado como destino económico de todas las sociedades conocidas. 

Douvignaud se opone a esta idea evolucionista, reivindicando el don de "nada", don del derroche, del desorden, de la actividad y del sacrificio sin utilidad. "Somos nosotros, una vez más, gente de la ciudad, los que hablamos de derroche. Para ellos, se trata de un acto distinto de la actividad general. Un acto que quita a una o varias familias la posibilidad de economizar y entrar en el sistema de economía de mercado. Pero eso es precisamente lo que esperan. Su delirio verbal y su manducación se sacia de inutilidad."[4]
En la fiesta de Sidi Sotan al sur de Túnez, los "participantes juegan a perder" en el escenario de los arenales desérticos, donde no hay intercambio alguno, ni restitución esperada: "el sacrificio es un juego y en él se hace don inútil de nada que se posee."[5] Una nada que define el Don desde un vacío donde toda la actividad recreada es destinada al gasto y el derroche.

En suma, esta nada del Don, supone una experiencia que se confronta con los límites de lo humano para generar una desestructuración delimitada. Como en la fiesta social en la Playa del futuro o también en el "nihilismo mexicano”, la dinámica de este Don genera una suspensión del “otro” y en consecuencia de los referentes de la identidad propia para llegar a un punto donde no se es, en ese lugar donde cae la producción simbólica e imaginaria y se entra a una zona indefinida del ser.


La policía, que ha tratado de diluir la fiesta de Sidi Sotan, encuentra en esa actividad una manifestación de desorden social y un atentado a la organización jerarquizada. Desde la perspectiva de la adaptación social y del dogma del progreso, el desarrollo y la producción, se trata, de una violentación, una actividad humana que se opone a la lógica monetarista de la acumulación y la organización jerarquizada de las actividades humanas.



[1] Carlos Marx, El Capital, cap VI
[2] Robert Heilbroner, Naturaleza y lógica del capitalismo, Madrid, Ed. Península, 1990, pag 97.
[3] Vease Edwin Sánchez, Abismos, editorial Laberinto, México, 2007. (Bataille Foucault Legendre),donde se desarrolla la lógica de la economía improductiva que propone Bataille)
[4] Jean Douvignaud, El Sacrificio inutil, Fondo de Cultura Económica, p, 122..
[5] Ibid, p.131.

miércoles, 28 de mayo de 2008

La obscenidad del poder ilimitado

Mencionemos brevemente las respuestas que ofrece el psicoanalista Moustapha Safouan durante una entrevista[1], para referirse a la situación de la institución familiar moderna al interior de la cual se presenta un importante cambio en la conformación y diferenciación subjetivas que se reflejan en los problemas de la legalidad y en la relación con los límites y el poder que el capitalismo actual está generando. La referencia institucional de la familia se concibió tradicionalmente como una relación de tres: el hijo y los padres.
En esta constelación de relaciones, el lazo del niño y la madre, es triangulado por un tercero de la referencia a la normatividad y la ley que impone la inaccesibilidad del objeto de deseo al interior de la constelación familiar. El tercero que aquí aparece señala los límites, la finitud, la imposibilidad radical que cierra el paso a la inconmensurabilidad y al “sin límites” a la que tiende la identificación dual del narcisismo, por ejemplo en la relación madre hijo. El tercero que hace de soporte para ese límite es el padre en tanto función identificada a la ley. En la medida en que la ley, como componente de la estructura simbólica (presentado por Pierre Legendre en la secuencia derecho romano-judeocristianismo-industrialización planetaria), deja de tener eficacia de una manera paulatina pero constante. Las consecuencias nos muestran que se diluye la función estructurante que introduce la prohibición –legal y antropológicamente concebida como necesaria para que una sociedad pueda reproducirse–.
La manifestación pública del desmontaje y “desregulación” de la ley articulada al padre, se puede observar en muchos casos de corrupción y ambición de poder o de riqueza que se ostenta prácticamente como ilimitada. En dichas manifestaciones el sujeto, como hijo de una madre que requiere de la referencia constante del tercero, se convierte él mismo en la referencia, en la ley, y se mueve en las aguas de la identificación narcisista para convertirse en causa de sí mismo y hacedor de su propia ley. Llegado este punto, el sujeto vive en la ilusión de que todo puede hacerse sin límite alguno, sin culpabilidad y sin deuda alguna con la ley o el prójimo. La trasgresión de las leyes se convierte entonces en una necesidad para demostrarse a sí mismo y al otro de la dualidad que se está por encima de todo límite y entonces la voluntad personal se convierte en ley:

La falta de ética de estos tiempos, la ambición de la inmortalidad, la corrupción en los más altos niveles del poder; tienen sus raíces en una cuestión metafísica: el asalto a la morada de los dioses.[2]

Es el mismo asalto que realiza Edipo a la zona divina al transgredir el límite propiamente humano e ingresar a la zona imposible para los humanos y donde habitan solamente los dioses. La fatalidad en el destino para quien transgreda aquellos límites es la respuesta que imponen a los mortales.
Es por cierto una temática que atañe a lo que ha estado ocurriendo en México en su historia reciente. Se trata de esa combinación de dos conjuntos de variables. La primera se refiere a la lógica de la privatización impulsada desde el Estado que transforma las formas institucionales de la economía anteriormente controladas o reguladas por el Estado, privatizando lo que antes era público. El segundo conjunto de variables se refiere a la forma de poder que ha distinguido a la cultura política del país, sin límites precisos, las posiciones del poder acercan a los gobernantes a lo ilimitado, a situarse ellos mismos como la ley y colocarse por encima de toda Ley, esto se traduce en ambición irrefrenable por una riqueza ilimitada, en esa dinámica de enriquecimiento para la cual la impunidad parecería estar garantizada.

En El Capital[3], Marx distingue entre el atesorador y el capitalista. El primero, nos dice, no es otra cosa que el capitalista trastornado; el segundo, en cambio, es un atesorador racional. Son diversas las implicaciones de esta interpretación que Marx toma de Aristóteles para hacer su reflexión crítica en El Capital. ¿Cómo hacer una lectura de esa tendencia a lo ilimitado, en la figura del enriquecimiento, el poder o el goce?.
Aristóteles en su Política establece una diferencia entre crematística y economía. La primera es una actividad que tiende al sin límites, en donde el fin mismo se orienta a un absoluto; mientras que la economía sería una actividad limitada a objetivos específicos planeados y concretos, un medio dice el estagirita, y no un fin de enriquecimiento en sí mismo. El sistema actual de producción industrial se corresponde, desde luego, a la crematística, ese imperativo de crecimiento en el que no se conciben los límites, que sin embargo existen, por ejemplo en el hecho de que los recursos naturales no renovables encontrará tarde o temprano su frontera infranqueable. El objetivo de enriquecimiento ilimitado responde también a una lógica en la cual se pretende el poder de una manera ilimitada, es decir tendiente a lo absoluto.
Los sujetos que el sistema capitalista genera se orientan por la divisa de esta ideología del “sin límites”, el “todo es posible”, el sujeto soberano, de la nueva realidad ante el mundo de los negocios, el poder, la economía y las instituciones, ¿para qué los límites?.
[1] Entrevista realizada por Hugo Beccacece, periódico Reforma, sección “El Ángel”, 11 de agosto de 1996.
[2] Ibid
[3] Carlos Marx, El Capital, vi,
La fotografía del álbum

El ejercicio de interpretación que hace Roland Barthes en La cámara lúcida, es un ejemplo de trabajo sobre la subjetividad llevado a una posición epistémica de alcance conceptual extremo: “Decidí entonces tomar como guía de mi nuevo análisis la atracción que sentía hacia ciertas fotos”.[1] Se trata de una revelación de alcance insospechado: “siempre he tenido ganas de argumentar mis humores; no para justificarlos; y menos aún para llenar con mi individualidad el escenario del texto; sino para ofrendarla a una ciencia del sujeto, cuyo nombre importa poco, con tal de que llegue a una generalidad que no me reduzca ni me aplaste”.[2] En realidad Barthes ocupa el escenario del texto, con la sustancia de una subjetividad que se expresa en su límite en relación a ese objeto singular de la imagen fotografiada cuando su madre aún vivía. El escenario de su texto genera más textos convocando otras subjetividades como las plasmadas por estas anotaciones sobre la imagen fotográfica.
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El lenguaje viste la desnudez de nuestro cuerpo con ropajes que son precedidos por los velos de la mirada que nos acompañarán, mientras vivamos, arropando nuestra carne y dejándola ver de vez en cuando, ante la desgarradura de ese maquillaje que es la imagen expuesta a la mirada. Uno de esos ropajes que nos sacan de nuestra biología expuesta a la intemperie de lo real, nuestro imposible encarnado, es la mirada del Otro y su ideal, que se traduce, desde las vicisitudes de la cultura y la tradición en la fotografía.
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Desde tal perspectiva, la fotografía puede ser considerada como soporte material de un imaginario del ideal cuya existencia y recurso pasa a formar parte de aquello que documenta la memoria de la novela familiar. También sería la novela político-familiar, en tanto una fotografía es también susceptible de la publicidad y no solo de lo privado.
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Sobre-expuesto al bombardeo de las imágenes triviales, huecas, vacías, anodinas, el sujeto pasa a formar parte de un discurso que sostiene las apariencias para hacerse súbditas del mercado, la moda y el consumo de la imagen, evitando siempre las fisuras que muestran un núcleo de lo real obsceno e incomprensible.
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Pero la imagen es también una composición que puede dislocar la mirada que busca su espejo, modificando la percepción sustentada en lo sabido y lo reconocido, desmembrando la carne y sus referentes de espejo para confrontarlos a la ausencia de completud, interrogando al narcisismo, que busca reforzar su potencia imaginaria en todo lo reconocido-reconocible del fenómeno de la pregnancia.
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La historia reciente nos aporta un suceso donde las imágenes anticiparon un discurso codificado en relación a la alienación colectiva. En 1989, conforme se diluía el Estado multinacional de la hoy desaparecida Unión Soviética, todas las fotos de Lenin y sus efigies fueron destruidas, demolidas, desmontadas, y con ellas las de Marx y otros personajes históricos. Paralelamente se hizo flotar, en lo que había sido la Plaza Roja, un Mikey Mouse de enormes proporciones que parecía llenar el hueco dejado por las imágenes del régimen anterior. Tan institucional era la sacrosanta efigie de Lenin como la nueva disneilización de la realidad social que sustituye y erradica la memoria. Ante la verdad insoportable de la historia, trágica y difícil de las sociedades y los individuos, un imaginario alienta el engrandecimiento narcisista de los sujetos remitidos a la inmediatez desechable.
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No debemos dudar en considerar la imagen como una envoltura que atrae, como un señuelo para la mirada que percibe una evocación y una presencia que puede seducir o generar aborrecimiento; o, en la peor de las opciones, puede no alterar la in-diferencia cotidiana, ni evocar el objeto ideológico que suscita la atención y que forma parte de la fantasía que organiza todo el desorden subjetivo. La razón de ser.
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Con la imagen fotográfica ocurre algo similar a lo que sucede con la escena onírica. Para que alguien la interprete desde su propia subjetividad se requiere del develamiento de un texto, como lo mostró Freud en “Die Traumdeutung”[3]. En este develamiento, quien habla de las imágenes, habla de sí mismo, su propia versión de una realidad conformada siempre por elementos de la ficción, la otredad, lo familiar y lo ajeno. Es la materia prima del último libro de Roland Barthes. La cámara lúcida es la exposición radical de una intimidad llevada a la reflexión epistémica, pero también, llevada a la exposición de una descarnada condición subjetiva y de naufragio.
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¿En que se convierte la fotografía cuando ha muerto el fotografiado? El efecto convierte la foto en documento, envoltura de la pérdida.
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La inherente y consustancial dimensión imaginaria que da consistencia a la percepción de la realidad, envuelve un núcleo intratable y resistente a la significación, un real, o si se quiere una nada, la nada emblemática hacia la que nos conduce la institucionalización de las imágenes que forcluyen el vacío y la muerte.
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Una fotografía es percibida por contrastación con las imágenes y versiones narcisísticas de nuestra posición subjetiva y que determina nuestra “sensoprercepción” de la realidad, el espacio exterior a nuestro cuerpo, nuestra incorporación del mundo social, nuestra erotización ante la mirada y de la mirada.
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Las imágenes son al mismo tiempo un imaginario necesario que se manifiesta siempre de manera estética o equívoca, bizarra o hermosa, incompleta, cojeante, con respecto a algo que deja ver entre las fisuras del semblante, más allá de la intención de la lente del fotógrafo, ¿qué deseo lo mueve, que ambición lo habita, que muestra y que evita?
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Las fisuras del semblante de la realidad ordinaria son desmentidas por el consenso de la interpretación común de los observadores quienes evitan, retrocediendo, toda posibilidad de entrever otra realidad, tal vez más emparentada con lo insoportable y con la desgarradura de la apariencia ordinaria. El consumo de imágenes y su elaboración opera con esta lógica, esto es, que tanto el sujeto “mirante” (así lo llama Barthes en la Camara Lúcida), como la imagen mirada participan de la domesticación de lo real, en la conformación de una realidad light, construida sin diferenciación con el narcisismo del intérprete.
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No es solamente un ejercicio de la frivolidad, sino una forma de reproducir los espejos que sostienen nuestra imagen y una parte importante de nuestra identidad y nuestro lugar frente a la mirada de los otros que operan como imagen proyectada para que la envidia (mirar de reojo) tenga lugar.
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La fotografía nos recuerda y nos remite siempre de una u otra forma al cuerpo, su vestimenta, su ideal y a su apariencia en el otro que nos mira, también desde nuestro “interior”. Nuestro paso por el tiempo y las marcas que el tiempo vivido testimonian en la carne que inevitablemente envejece. Ese envejecimiento del cuerpo compatibles y correlativas a la grandeza que adquieren ciertos personajes.
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Barthes señala en La cámara Lúcida, que la imagen fotográfica es “el advenimiento del yo mismo como otro”. También es el advenimiento de una imagen que adviene alguien. Así se reproducen los espejos que nos miran desde un trozo de tiempo coagulado, detenido en la mirada del Otro. Entre la sutileza atesorada del recuerdo, el documento, la belleza anhelada, el amor perdido, también asoma el elemento ominoso.
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La sustancia de la verdad subjetiva de cada uno puede ser evocada insospechadamente a través de una imagen. Es lo que sucede en el drama que vive Barthes una especie de pregnancia que se desconstruye en él hasta el límite de la desolación.

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La sutileza del arte consiste en presentar una realidad que permita el acceso a otra escena, una que descoloque al sujeto del sentido común y ordinario de la imagen. Sin escatología, la realidad de la percepción oficial, es procesada sobre un desmontaje que revela la inconsciencia del yo, su desubicación y la emergencia de otra mirada que es también la de otro sujeto.
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Una foto se presenta como testigo de lo que alguna vez existió y consolida mi pérdida, lo que una vez fue y atesoro en mi recuerdo, lo que es ahora un faltante activo por siempre perdido. Esa foto permite dejar el testimonio de la existencia; esa imagen en la que los fotografiados se mantienen presentes y activos en nuestra pérdida. Acaso la imposibilidad de revivir la sugerencia de la fotografía le de su mayor relieve de apariencia. ¿Qué genera la fotografía de su madre muerta en la existencia de Barthes? ¿Qué desencadeno esa ausencia insoportable?

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Cuando vemos la fotografía, descubrimos que el momento de felicidad, capturado y aislado, existe sin la sucesión ni la continuidad que implica la pérdida y la dilapidación del tiempo que se invierte para sostener esa felicidad aparente. El mecanismo que supone la afirmación de que “el tiempo pasado fue mejor” que el presente, exige siempre su cuota de deseo y de trabajo sobre el vacío que habita a todo sujeto. Evoca con frecuencia ese potencial ominoso del fantasma encubridor que siempre ha estado presente .
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Así funciona el yo con sus archivos “salvados” e incertados a la imagen de si. En ese sentido la fotografía coadyuva a la represión para sacar a flote al sujeto, o a la familia, o al cuerpo. Retratada y vuelta a retratar la imagen del álbum familiar abandona su recinto de privacidad, atravesada por la publicidad, el parentesco, las complicidades, el orgullo de haber pertenecido, de haber estado con ellos, o la vergüenza del pasado, el testigo que delata, el porvenir que hubo anunciado.

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Algo dicen esas imágenes de las historias, la infancia, el presente o de la madurez conquistada que ha dejado las huellas de las batallas y las decepciones. La fotografía favorita, la del hombre amado, la de la mujer deseada, la de los seres perdidos, las imágenes infantiles de unos niños envueltos por un ideal que termina por ser irrealizable. Pensemos en esa foto de García Marquez que aparece en su autobiografía. No parece para nada un niño prometedor.
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No deja de ser enigmático el pasatiempo del artista plástico mexicano José Luis Cuevas, quien se tomaba así mismo una fotografía diaria, durante años, en su forma personal de adherirse a la pregnancia de su imagen, registrando cada detalle del semblante que pasa por el tiempo. Sin embargo como él mismo ha confesado públicamente y sin timidez alguna: la laboriosa tarea dejó de tener sentido a partir de la muerte de su esposa Bertha. ¿Qué pensar de este enigma?
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Gunter Grass en el Tambor de hojalata narra una escena de comensales que se sientan a la mesa para partir cebollas y así poder llorar y llorar, hipócritamente algunos, catárticamente otros. Llorar como no se han atrevido a hacerlo, llorar a la mesa del consumo, llorar para no recordar. ¿Ante que mesa de fotografías puede uno llorar?
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La mirada tantea o acaricia las imágenes como parte de la dialéctica de la subjetivación. ¿Qué función tiene mostrarlas a los otros? ¿exponerlas a la línea de otras miradas? ¿Confirmar lo increíble, engañar, compartir la intimidad libidinizante, confirmar el lazo de amistad?
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En la fijeza de la imagen familiar, algo ha quedado capturado como resto circunscrito fuera del tiempo y del cuerpo. Tal vez esto sea perceptible cuando la muerte del fotografiado obliga a una revalorización de su existencia, adquiriendo así una nueva dimensión, comprendida esta vez en el proceso del duelo y ante lo irrecuperable descubrir lo que no estaba. Como referencia del ser desaparecido, fijado en un momento de su virtualidad, sostenida desde la lente del otro, sigue ahí. Tenemos frente a la foto de alguien que ha desaparecido, la interrogante sobre el plano subjetivo de nuestro propio tiempo, tiempo vivido en subjetivación ante aquel que desaparece en nuestro propio ser. Subjetivación que se desvanece. Una parte de nuestra subjetividad se sostiene en la imagen del otro que no desaparece del todo gracias a la fotografía.
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Ocurre en esta dinámica que la consistencia de lo imaginario prevalece por encima de lo simbólico, que acaso no actúa porque no ha sido llamado a existir. La pérdida, duelo y dolor involucrados encuentran en la fotografía un soporte para moderar lo inconmensurable, la permanencia perdida, la figuración insoportable de una ausencia del ser desaparecido.

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¿De que manera el ser desaparecido forma parte de nuestra economía pulsional?. De eso depende que tenga lugar el ritual de romper fotos o de atesorarlas o de simplemente guardarlas en el cajón y el archivo.
Al morir, el ser amado exige de nuestra subjetividad una cancelación de su presencia que no se corresponde con la radicalidad de su desaparición. La subjetivación adolece del desfase que la desaparición impone en planos distintos del tiempo subjetivo y el ser desaparecido. Es pues el vacío lo que hace que la fotografía adquiera una investidura de la que no había sido objeto. El ser querido esta muerto pero el vínculo con él sigue vivo, ante la fotografía esta realidad adquiere un tinte ominoso como el que sugiere Barthes ante la fotografía de invierno.
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La fotografía persiste amorosamente conservada, atesorada, guardada, destinada acaso a la herencia de quienes nos subsistirán, con su quántum de olvido y su ganancia de recuerdo, trazo genealógico, memoria refractada.
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Algo del ideal que alimenta el imaginario de los deseos, cae inevitablemente cuando la muerte cumple su doloroso destino vital, resignificando el sentido de la existencia y reanudando la apuesta del deseo. Aun así o tal vez por eso, según el momento subjetivo de cada uno, la fotografía reafirma y persiste en su lugar del recuerdo de familia, distinta, se almacena entre los recuerdos, se desecha, se “regala”. En ocasiones, la fotografía adquiere el valor otorgado por la importancia singularizada de una biografía.
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Puede ocurrir paralelamente que el tiempo se encargue de hacernos ver la inutilidad de conservar tantas imágenes del otro (o del “uno mismo”) visto en la familiaridad, la pregnancia de nuevo, el otro que nos nombra, quien nos llevo a no ser, fotografía que se hace testigo codificado del tiempo que pasa.
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Las fotografías infantiles de nuestros hijos que crecen día a día, se hallan recortadas por el orden de lo cambiante, que sitúa en el escaparate de los ideales una realidad utópica y no obstante capturada en la imagen. fotográfica. La belleza de la imagen infantil, dentro de este contexto de lo familiar, tal vez adquiera su valor por ese proceso que los años de crecimiento dejan por siempre, lo que nunca fue, codificado solamente en los imaginarios y recuerdos encubridores que cada uno alberga.
Dicho de otra manera, la fotografía es también recuerdo encubridor, texto a desconstruir, codificación de anhelos para descodificar.
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¿La fotografía nos remite siempre al cuerpo? De ser así, ¿del cuerpo de aquel al que observamos? O por el contrario, ¿del cuerpo qué “supera” la carne sin negarla? Cuando Barthes aborda estas cuestiones enuncia la frase “percepción sin objeto”, misma que es recordada por Lacan en sus elaboraciones en torno a la alucinación. La imagen fotográfica, sin el objeto que la produce, suscita y desencadena toda la complejidad del proceso de percepción.
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Se trata también de que existe una dimensión de la fotografía que genera el desencuentro contingente que nos emparenta con la mirada del Otro, para mostrar en una fisura algo no familiar, un elemento que escapa al control de su mirada, si soportamos la ausencia temporal de toda pregnancia podemos liberarnos de su mirada.
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En la fenomenología del álbum familiar los niños no dejan nunca de serlo. Cuando crecen algunos de ellos hacen lo necesario para no dejarse capturar por completo en el discurso del Otro, manifiesto en el discurso fotográfico. Por el contrario, los niños “capturados” harán todo para estar en el encuadre de la mirada y de lo que ese Otro espera de ellos.
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La distancia entre las fotografías que salen del contexto del álbum de familia y las que son vistas desde la otredad de lo público, lo familiar y al mismo tiempo, lo publicitario, lo periodístico, o desde el arte, etc., no es tan grande como pareciera. La obscenidad circunda la notoriedad. Finalmente, es en el intérprete donde lo ajeno puede generar resonancias familiares evocadas por los códigos asociativos de eso que llamamos el inconsciente.
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Es de hacerse notar la expresión utilizada por Barthes como “la ciencia del sujeto”, sin referirse a tal “ciencia”. ¿Se refería al psicoanálisis?. ¿por qué no intenta nombrarla cuando el tema crucial que aborda en La cámara lúcida es la relación con su madre que ha muerto?. Barthes conoció y citó los textos de Lacan, de manera que estaba en condiciones de nombrar esa ciencia del sujeto a la cual “ofrenda” su creación para llegar “a una generalidad que no me reduzca ni me aplaste”. ¿Insinua o teme Bathes a las generalizaciones del psicoanálisis que reducen y aplastan a quienes se le aproximan?
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De los temas generales de la fotografía, Barthes pasa a ocuparse de una serie de fotos de su madre poco tiempo después de que ella ha muerto. Él busca entre las fotos una esencia –su noema– que lo lleve a la verdad, y así descarta fotografías y más fotografías hasta que encuentra una en especial: la fotografía del invernadero ante la cual surge un punctum y ante la cual Barthes podrá decir las siguientes palabras:
Suele decirse que, a través de su labor progresiva, el duelo va borrando lentamente el dolor; no podía, no puedo creerlo; pues, para mí, el tiempo elimina la emoción de la pérdida (no lloro), nada más. Para el resto, todo permanece inmóvil. Puesto que lo que he perdido no es una Figura (la Madre), sino un ser; y tampoco un ser, sino una cualidad (un alma): no lo indispensable, sino lo irremplazable. Yo podía vivir sin la Madre (todos lo hacemos, más o menos tarde); pero lo que me quedaba de vida sería por descontado y hasta el final incalificable (sin cualidad).[4]

Poco tiempo después de la publicación de La cámara lúcida, Roland Barthes murió como si se tratara de una prueba más de autentificación de lo dicho en el libro:

Ella, tan fuerte, que constituía mi Ley interior... Muerta ella, yo ya no tenía razón alguna para seguir la marcha de lo Viviente superior (la especie). Mi particularidad ya no podría nunca más universalizarse... Ya no podía esperar más que mi muerte total, indialéctica.[5]

El silencio definitivo siguió a estas palabras de Roland Barthes, el final de su obra. Sobre este testimonio Derrida se permite rendir homenaje a su amigo señalando en su manera, en su estilo, “ese aire cada vez más denso, atormentado, poblado de espectros”[6] en el otro con-texto que merece un comentario aparte.
[1] Roland Barthes, La cámara lúcida, Nota sobre la fotografía, Paidos, España, 1982. p. 53.
[2] Ibid, p. 52.
[3] Sigmund Freud, “La interpretación de los sueños”, en Obras Completas, iv y v, trad. J. L. Etcheverry, Buenos Aires, Arg., Amorrortu Editores, 1995, 747 p.
[4] Ibid, p. 134.
[5] Ibid, pp. 128-129.
[6] Op cit, pag 96.